Drogodependencias y familia

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CONSUMO DE DROGAS Y EFECTOS EN EL SISTEMA FAMILIAR

 

El consumo de drogas en este país se ha visto incrementado de forma progresiva desde los últimos años. Tal hecho supone, en muchos casos, una desestabilización familiar que suele requerir una atención integral con el fin de promover el manejo de las herramientas necesarias para provocar una mejora sustancial del problema derivado de la drogodependencia de su allegado.

Debido a la gravedad que supone convivir con una persona que tiene problemas adictivos de larga duración, cada vez más nos estamos encontrando con un número mayor de personas que presentan problemas de origen psiquiátrico, más concretamente, con diagnósticos de cuadros depresivos con síntomas asociados a indefensión y trastornos de ansiedad generalizada. La situación en la que, fundamentalmente, se encuentra el entorno familiar de una persona con drogodependencias es de total indefensión a la hora de abordar la problemática derivada de la adicción de su familiar. A ello se añaden sentimientos de desesperación y confusión mezclados con importantes dosis de carga emocional negativa que se traducen en la expresión de sentimientos de culpa y de autocrítica.

Nos estamos refiriendo pues a casos en los que se ha instaurado una dinámica familiar que gira en torno a las “exigencias” de uno de los miembros, el cual consume de forma continuada sustancias tóxicas. Por ello, la vida de dichas familias se centra en la drogodependencia que sufre una de las personas del clan, que suele estar caracterizada por un abandono por parte de la persona adicta de la vida social, familiar y laboral. Éstos suelen ser en su mayoría hombres, que en casi la mitad de los casos superan los 30 años de edad y, en muchos, existe un deterioro alarmante de la situación tanto física como psíquica del consumidor, además de un grandísimo déficit a todos los niveles, lo que supone una dificultad añadida al ya de por sí complejo proceso de reinserción socio laboral para la población drogodependiente.

En cuanto al tipo de droga consumida, nos encontramos en su mayoría con personas policonsumidoras de substancias, pero cuya droga principal es la cocaína, seguido del alcohol, ambas juntas, y con un notable aumento del Cannabis en los últimos años. Además, el consumo suele ser de larga evolución y cada vez vemos un número mayor de consumidores que presentan trastornos graves de personalidad e incluso diagnóstico de enfermedad mental, lo que dificulta notablemente el abordaje de la situación por parte de la familia.

Así mismo, y como punto ampliamente destacable, hemos detectado un importante aumento del maltrato que sufren numerosas familias derivado del consumo de drogas de sus familiares. Son muchas las personas que reconocen sufrir malos tratos por parte de su allegado drogodependiente, ya sean psicológicos o físicos. El adicto, en estos casos, evidencia una conducta agresiva y somete a las demás a través de un asedio y persecución constante, con el fin de conseguir dinero para financiarse las drogas, exigiendo que se lo den o provocando, con actos agresivos, el miedo en los suyos para lograr sus objetivos.

En los hogares donde hay menores, los conflictos se agravan ya que, el niño o niña vive en primera persona las consecuencias nefastas de la drogodependencia de su allegado. En un sistema familiar, el consumo de drogas suele provocar diversos problemas, siendo uno de ellos el abandono de las responsabilidades familiares y educativas por parte del consumidor y de su pareja, el primero por su propia dependencia a las mismas y el segundo, por el inestable estado emocional en el que se suele encontrar derivado de toda esta problemática.

Finalmente, es importante destacar el hecho de que, en muchas ocasiones, la drogodependencia puede ser un síntoma de que algo no funciona adecuadamente en la vida de esa persona y en el núcleo familiar en sí. Por ello es imprescindible realizar un estudio personalizado y profundo del sistema familiar con el fin de trabajar el posible origen del problema y enseñar a la familia modos de actuar y funcionar que sean más “saludables” para sus miembros y que, en definitiva, ayuden a que se equilibre y normalice la convivencia.

El problema de las conductas adictivas abarca una serie de conflictos asociados que hace necesaria una intervención a varios niveles (psicológico, familiar, social, laboral…) y que requiere de una atención integral de la persona. No obstante, es importante saber que no estamos solos/as ante esta problemática y que, en muchos casos, recurrir a personas que nos puedan ayudar va a suponer una mejora en nuestra situación personal y en consecuencia, va a apoyar la posibilidad de solucionar gran parte de nuestros conflictos emocionales.

 

Carolina Dominguez Giner

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