Estará tomando Modecate® o lo que sea, ¡pero no está en la vida!

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A continuación os presentamos un interesante artículo de Paco Martínez Granados, basado en una entrevista a Víctor Q, el 20 de mayo.  Creemos que no tiene desperdicio para analizar las consecuencias de la medicalización en los procesos terpeúticos. Os lo recomendamos y esperamos vuestros comentarios.

La entrevista en profundidad con Víctor Q. ha sido una experiencia que me ha revelado lo fundamental de rescatar la voz de las personas para comprender el fenómeno farmacoterapéutico y el profundo alejamiento con respecto al discurso académico que trata de explicar este mismo fenómeno. Mi sensación ha sido que Víctor Q. ha expresado en forma de creencias, sensaciones y pensamientos, algunas claves difíciles de cuestionar desde el ámbito biologicista, o desde cualquier revista biomédica o mesa de congreso, y sin embargo, la herramienta empleada para extraer tan valiosa información, no ha venido de la tecnología molecular, ni de la más avanzada genética, ni ha hecho falta una inversión colosal de dinero en un laboratorio lejano, no. La verdad, y el conocimiento pueden provenir también de una conversación (como Borges recalcaba, las conversaciones son seres vivos,,, se ramifican,,,) y de un contacto entre personas que tiene lo humano como matriz de fondo, y tiene el “aprender del otro” como predisposición vibracional ineludible, y es de este caldo de cultivo del que emerge un conocimiento de incuestionable valor, necesario y fundamental para avanzar en la comprensión de lo que sería, en última instancia, un proceso terapéutico. Y avanzar en el entendimiento y conocimiento de este tipo de procesos humanos puede ser tan válido como el avance en tecnología molecular.

De hecho, he tenido la convicción de que cuanto más nos alejamos (desde las aulas, despachos, hospitales…) de un afán de comprender y más legitimamos el uso de herramientas farmacológicas no como medios en ese proceso terapéutico, sino como fines en sí mismos (el proceso acabaría con la retirada del medicamento en la farmacia), al mismo tiempo, más nos alejamos del relato de las personas, y visto así, el alejamiento que constatemos tras la escucha activa de relatos como este, puede ofrecernos una medida exacta, de cuánto nos interesa comprender y favorecer procesos terapéuticos, puede servir por tanto de “termómetro” de un distanciamiento vital, profesional y sanitario con respecto al fenómeno sobre el que nos disponemos a intervenir. Por tanto, léanse los estudios genéticos, y los últimos ensayos clínicos de los más novedosos fármacos, pero sobre todo, no dejemos de leer el alma de aquellos que toman asiento y se presencian delante de nosotros, porque como dice Carlos González (el maestro, no el pediatra), la presencia es el mejor regalo que podemos ofrecer al otro, y yo añadiría que en nuestro caso, además, es una fuente inagotable de conocimiento.

 

Paso a comentar algunos aspectos del relato de Víctor Q. y me dejo otros muchos en el tintero porque no quería hacer el artículo demasiado extenso. Después de los comentarios tenéis la transcripción de la entrevista completa.

 

De los primeros psicofármacos como elementos que forman parte de la construcción de una personalidad “en burbuja” y su degeneración en un brote psicótico.

En varias partes del relato Víctor Q. manifiesta que sus primeros contactos con psicofármacos empezaron a ser más o menos frecuentes y eran con ansiolíticos y antidepresivos, pero no con antipsicóticos (que él percibe como fármacos más fuertes). El consumo de estos primeros psicofármacos, según lo relata, tiene un impacto evidente en la construcción de una personalidad que él define como “alejada” de su verdadero ser. Es decir, el consumo de psicofármacos en una época juvenil (en una etapa de construcción de la personalidad), tiene un impacto cognitivo, comportamental y vivencial, lo que hace que esa personalidad se esté construyendo sobre una “burbuja”. Cuando la exposición a esos psicofármacos ya no está (la burbuja se rompe) queda en evidencia un inmenso cisma (entre lo que creías ser y lo que eres), y ese cisma, según manifiesta Víctor Q, sería la base de un brote psicótico. Esto se pone de manifiesto cuando le pregunto por cómo le sentaban estos primeros psicofármacos en su primera juventud y Víctor Q. contesta:

Me sentaban,,, pues mira, los antidepresivos me daban alegría, siempre estaba contento con la gente, siempre de guasa, de fiesta, estaba en una nube, y qué ocurre, pues que ni una cosa ni otra, cuando te tomas la vida como si no pasase nada, está claro, esos momentos son felices y lo recuerdas como felices, pero está claro que a lo mejor se iba creando una personalidad que no era la tuya, entonces esa personalidad chocaba con lo que luego tú ibas necesitando o ibas requiriendo de los demás o de ti mismo y a lo mejor con el tiempo te vas descubriendo cosas que con la medicación parece como que están bloqueadas o que hay una burbuja, esa burbuja te permite hacer muchas cosas pero luego te puedes pegar un batacazo”.

 

El mensaje es algo así como que la medicación no te permite confrontar con la realidad desde el principio, sino que actúa como una “burbuja”, y por tanto, se imposibilitan procesos de aprendizaje fundamentales que emergerían de la confrontación y superación de dichos conflictos. Es curioso que Víctor Q. exprese que el descubrimiento de ese cisma sea la base de un brote.

“…entonces claro, si no vas construyendo eso en base a tu personalidad real, cuando llegas a esa edad te puedes pegar un batacazo y entonces te encuentras con cosas que no has sabido afrontar o incluso te vas uniendo a un hilo que no es el tuyo, y las amistades van rodeando ese hilo, y luego con el tiempo dices, me cachis en la mar, si yo no soy así, entonces eso te hace perder amistades o simplemente reestructurarlas y esas amistades al reestructurarlas pierdes todo lo que has luchado o todo por lo que has empleado todo tu tiempo, toda tu energía anteriormente, entonces claro, eso es la base de un brote, o sea, el chocar la realidad contigo, el que creas tú que eres de una forma y luego a lo mejor eres de otra y no pasa nada, lo que pasa es que eso requiere un tiempo y el cuerpo se tiene que adaptar. Si en ese tiempo tienes un brote violento o lo que sea porque estas rebelde contigo mismo o lo que sea, lógicamente desde el punto de vista médico hay que controlarlo, hay que controlarlo para que no llegue a más, porque lo primero son las personas y no nos vamos a hacer daño entre nosotros, pero claro, eso crea un cisma en la persona porque se encuentra con una situación en la cual te crees que te están interviniendo en tu vida, que se están metiendo en tu vida, que te dan medicación que te duerme, que babeas, etcétera y dices tú “madre mía, hace diez años estaba yo como una flor”, y claro, eso es un choque, es un choque,,,”

 

De la cronicidad intrínseca al primer contacto con psicofármacos y sobre connotaciones “anti-terapéuticas” del término cronicidad.

En un par de ocasiones Víctor Q. hace referencia a que la cronicidad en la que se encuentra con respecto al consumo de psicofármacos viene de su primer contacto con ellos, es decir, se encuentran analogías al conocido discurso de “los porros son la puerta de entrada a otras drogas más duras”. Lo dice, por ejemplo, cuando relata su primer contacto con psicofármacos: “lo que pasa, te explico, esos primeros contactos hicieron que ya no dejara la medicación, es decir, que continuara en el tiempo, incluso en la mili …”.

Además me parece interesante que el término “cronicidad” que a Víctor Q. le llega por parte del sistema sanitario puede llevar asociado connotaciones que no dejan espacio a lo terapéutico. Una de estas connotaciones asociadas a lo crónico sería la decadencia percibida, en el sentido de que se pronostica un destino que es ineludible y del que el sujeto no puede hacer nada, es decir, lo relega a un papel apocalíptico en el que la persona no tiene ningún margen de actuación sobre la construcción de su destino:

“Luego una cosa crítica entre comillas al médico es afirmar, por ejemplo, que esto es crónico y que a medida que vaya pasando el tiempo vas a estar peor, o sea que con la cronicidad, esas facultades [cognitivas] se van a ir perdiendo con el tiempo y lógicamente te vas adaptando cada vez peor. Yo contra eso lucho, digo “pero a ver, ¡tiene que ser mejor, tengo que luchar!”. Porque si no existe una medicina A, pues probar la B o lo que sea, es decir, el reloj del tiempo, a todos nos afecta, pero,,,”

 

Sobre los efectos de los antipsicóticos sobre la capacidad para gozar la vida.

En multitud de ocasiones Víctor Q. refiere que la medicación le impide gozar con plenitud la alegría. Hay situaciones que deberían hacerle experimentar este goce, como cuando se encuentra un amigo que hace tiempo que no ha visto por la calle, o cuando planifica un viaje (a Víctor Q. le encantaba viajar), pero esa alegría, ese goce vital, se refiere a él como un recuerdo que dejó de experimentar con los antipsicóticos.

“Depresión, no porque yo sea una persona depresiva, aunque me haya tratado en aquella época, pero yo sigo teniendo un pensamiento, en líneas generales, optimista. La situación con respecto a la medicación, al ser continuada en el tiempo, lógicamente te crea ahí un efecto depresivo y el Modecate® me crea un efecto un pelín depresivo o sea como yo lo entiendo, un pelín negativo, en cuanto a que cuando me lo inyectan, es como,,, imagínate, no sé, como que te guste una cosa y des un salto de alegría, y te encuentres bien porque te gusta esa cosa, ¿no? Eso no lo siento ahora. Con el Modecate® no lo siento. Siento, siento apatía, línea fija.

  • ¿Quieres decir que no sientes motivación?

Si. No siento, no me,,, por ejemplo, me saludas y veo una persona que me gustar verla, ¡coño alégrate! Ahora sonrío, porque me alegra, pero no tengo esa sensación de decir, “joder, qué felicidad”. O sea, me cuesta, aunque la tenga [la alegría por ver a esa persona], no la expreso. Entonces estoy mono, mono, ¿sabes lo que te quiero decir?, linealmente en cuanto a afectividad, en cuanto a mostrar afectividad. Entonces eso no va conmigo tampoco, pero bueno, ya me estoy acostumbrando a estar más serio, o sea, que en ese sentido lo entiendo, pero si me pudiera poner algo,,,

Por ejemplo,,, hilvanar un viaje, pues que te de esa alegría de qué voy a hacer, dónde voy a ir,,, No. En cuanto llego a mi casa, llego destrozado, o estoy viendo la tele y sólo con las noticias ya me deprimo…”

 

Esto podría tener un correlato farmacológico en el mecanismo de acción de la mayoría de los antipsicóticos, que al comportarse como antagonistas dopaminérgicos en determinadas regiones cerebrales implicadas en procesos de motivación y en la experiencia de sensaciones de refuerzo y recompensa, podrían quizás impedir experimentar estas sensaciones con plenitud.

Esta merma “vital” de los antipsicóticos es una de las cosas más difíciles de sobrellevar para Víctor Q, y hacen que se relativice el efecto beneficioso sobre la sintomatología positiva, ya que evaluando con mayor perspectiva, de poco puede servir, si al tiempo que se va el delirio, se va con él las ganas de vivir…

“es esa falta de entusiasmo por la vida, falta de empatía, falta de empatía social, de buscarte cosas, de vivir, de vivir, de sentir lo que sólo tenéis vosotros, nosotros lo tenemos un poco mermado…No sólo el hecho de tomarte Xeplion® o Modecate®, si te tienes que tomar Xeplion® o Modecate® te los tomas, pero si no tienes ganas de vivir,,, Xeplion® y Modecate® te podrán tapar el posible delirio, pero te tapan también las ganas de vivir que la gente tiene, entonces, claro, ese tipo de cosas, pues me gustaría que se ahondara en cubrir esas cosas, nos ayudaría mucho”.

 

Sobre los efectos de los antipsicóticos sobre los estados de ánimo y sobre los síntomas psicóticos

Los antipsicóticos no actuarían como agentes que erradican determinados síntomas o estados de ánimo sino como agentes que inducen, o bien una indiferencia afectiva (merma en la curiosidad) con respecto a los síntomas, o bien una incapacidad para canalizar ciertos estados de ánimo de una manera sana (por ejemplo incapacidad para expresarlos).

Hay un extracto de la conversación en el que V refiere que la medicación “tapa” estados anímicos como la rabia y hace que no pueda expresarla de una manera “humana”, pero que luego internamente estalla.

Cuando se refiere a las voces que escucha, él refiere que siguen ahí, como antes, pero que ahora ha encontrado la manera de reírse de eso, lo cual muestra un aprendizaje en la gestión de esta sintomatología psicótica.

“Las voces, mira, yo hay veces que voy andando y oigo mi nombre. Me vuelvo y no hay nadie, o me vuelvo, y hay gente que no sabe mi nombre. Entonces digo “coño”. Pero ya lo he tomado como una broma, o sea, como un “mira Víctor,,, pues Víctor” [se ríe],

 

Cuando se refiere a creencias que pudieran ser “psicóticas”, Víctor Q. refiere que es donde reconoce mayores beneficios a la medicación, al menos haciendo que pierdas curiosidad hacia ellas y por tanto dejando de proporcionarles sostén:

“y luego el tema de las creencias, las creencias es una cosa que fluctúa mucho con la medicación. Están [las creencias] mucho más estables, tienes las creencias justas, y de ahí no te mueves. Sin medicación puedes creer cualquier cosa, o atraerte cualquier cosa de una creencia. Entonces, el tema de las creencias es un tema que reconozco que la medicación me ayuda. El tema de creencias me refiero, por ejemplo, a que ahora me crea,,, yo qué sé, que como he estado en Malasia, y es un país musulmán, pues que [yo] me crea musulmán y salga por ahí diciendo que soy musulmán. Entonces claro, ese tipo de cosas, y eso lo reconozco que la medicación lo atenúa mucho, lo atenúa mucho, y entonces te piensas dos veces a la hora de decir las cosas, y entonces tienes menos problemas…”

 

Sobre los efectos de Xeplion® [palmitato de paliperidona]

Se trata de una medicación depot a base de palmitato de paliperidona, un derivado de risperidona. Víctor Q. relata cómo esta medicación le indujo una diabetes (que remitió al suspenderla) y cómo afectó de forma muy negativa a su cuerpo (que enfermó a raíz de ella). Los detalles pueden leerse en la entrevista, pero quería rescatar el relato acerca de la ansiedad experimentada bajo los efectos de este medicamento y que describe como una ansiedad no reactiva a una situación o estímulo, sino a algo que le inunda y viene de su interior:

“…Pues eso, entonces a raíz de ahí pues desapareció la diabetes y yo le dije a la doctora “mira, con Xeplion® tengo una ansiedad generalizada, pero interior, o sea, ya no es decir, “es que me pasa esto por esto”, no, es que interiormente nace una ansiedad que me inunda y que no la puedo controlar, o sea que nace de mi interior y ese interior tenía que ser la medicación no podía ser otra cosa, porque si tú tienes pánico a las arañas es porque hay una araña; si no está la araña no tienes pánico a las arañas. O lo puedes pensar, pero no te enfrentas a ese,,, a ese,,, claro, esto era una ansiedad que venía del interior, y que daba la casualidad que era a raíz de la inyección de Xeplion®”.

 

Sobre determinantes de salud no farmacológicos

En la entrevista Víctor Q. manifiesta que tiene una gran expectativa en la tecnología farmacéutica, que se desarrollen fármacos que carezcan de esa merma cognitiva y vital que describe, y que “proyecten lo humano”. En este sentido al preguntarle por sus expectativas en cuanto a su salud, no duda en referirse a avances farmacológicos venideros. Pero después reconoce que hay otros factores que sí que tienen un impacto vital en el proceso de recuperación de la salud, y es cuando habla del trabajo, al final de la entrevista. Su disertación me parece inmejorable, describe y argumenta de una manera muy sensata un planteamiento que él defiende como óptimo para referirse a toda la cuestión de las incapacidades laborales, la enfermedad y el proceso terapéutico, recomiendo vivamente su lectura y acabo con lo último que Víctor Q. me dijo, porque me resultó de una contundencia irrevocable:

“Claro, es que [el trabajo] en una persona, es uno de los valores más ricos que tiene, el poder trabajar, el poder demostrar las actitudes, el poder desarrollarse en el mundo del trabajo, entonces si te lo quitan, te quedas como he visto a mucha gente, que están en un banco y ahí se tiran 8 horas y luego vas a dormir, y es que, ¡qué clase de vida es esa!, ¿sabes qué quiero decirte?, pues claro, ¡normal le que preguntes y que no te conteste! o ¡normal que esté amargado! O que haya gente que se suicide. Es que esa situación te lleva a lo más drástico, y ¡si!, está tomando Modecate® o lo que sea, pero no está en la vida, ¡no está en la vida!, entonces claro, ese tipo de situaciones hay que corregirlas, ¡si o si!, y hay que, desde el punto de vista económico o social, o lo que sea, echarnos una mano, darnos oportunidades como cualquier persona que pierda un empleo, que pueda recuperarlo, a lo mejor no al nivel que puede hacerlo una persona normal, o con las expectativas que tiene una persona normal, pero si sentirte parte de la sociedad, que es importantísimo el trabajo”.

 

Hay un montón de cosas más que me dejo por comentar como el rol que juega la homeopatía en su experiencia de vida o cómo se ven afectados sus sueños en cuanto a emprender viajes… ¡se aceptan sugerencias y comentarios!

Paco Martínez Granados